Pinto pinto…

                                                                                         A mí amigo Cecilio 

Pinto pinto…

Cualquiera de los que nacimos en el llamado “Baby boom” seríamos capaces de continuar con la letra de esta  cancioncilla, pero estoy completamente segura de que casi ninguno de nosotros estaríamos en disposición de responder a la siguiente pregunta: ¿Cómo se llama el juego infantil consistente en pellizcar suavemente la piel de la mano unos a otros? La respuesta no es otra que Pizpirigaña, palabra que la RAE define como:

“Sustantivo femenino con cinco sílabas, cuyo acento prosódico recae en la sílaba –Ga. Palabra grave de once letras, de las cuales, cinco son vocales y seis consonantes”.

El texto de esta pizpirigaña completa es:

Pinto pinto gorgorito saca la vaca de veinticinco. ¿En qué lugar? En Portugal, ¿En qué calleja? La Moraleja… Esconde la mano que viene la vieja”.

Ni Borges o Cortázar  por resabiados en el uso del lenguaje, Esopo por fabulista, Erich Fromm por cursi o Arrabal por esquizoide, habrían sido capaces de enhebrar estos locuos de manera tan genial.

Analicemos exhaustivamente el texto que nos compete:

“Pinto pinto”: ¿Quién es Pinto?, ¿Pinto es pintor?,  ¿Pinto pinta dos veces?, ¿El que pinta no es Pinto sino yo, qué no contento o contenta con pintar una vez, pinto dos? ¿Acaso Pinto pintó con tilde y olvidó pintarla?

“Gorgorito”: La RAE define esta palabra como: “Un quiebro que se hace con la voz en la garganta al cantar”. De manera que, visto lo visto, deduzco que Pinto no sólo practicaba el arte de la pintura sino qué además, era un virtuoso del canto. ¡Todo un Paul Klee* este Pinto!

“Saca la vaca de veinticinco”: Tras mucho reflexionar llego a la conclusión de que Pinto cultivaba  un tercer oficio: La ganadería, a la que algunos elevan a arte. Juan Pedro Domecq en su libro Del toreo a la bravura, escribe: “La ganadería es un arte, es la sensibilidad de crear el toro, (En este caso la vaca) que uno siente”. 

Seguramente la pintura y el canto no le reportaban a Pinto  los suficientes ingresos como para poder vivir de ellos, de manera que se vio abocado a cultivar un tercer arte u oficio más lucrativo. Hasta aquí todo parece tener una mínima lógica pero, no logro descifrar qué es el veinticinco:? ¿Sería el nombre de la explotación ganadera de Pinto?, ¿Acaso la vaca herrada con el número veinticinco padecía de brucelosis o sufría de fiebres aftosas y a causa de ello Pinto debía sacarla de la dehesa, apartarla de sus compañeras y conducirla al corral para ponerla en cuarentena?

“¿En qué lugar? En Portugal”: ¡Acabáramos!  Pinto el pintor cantor y ganadero era lusitano o quizás  la lusitana fuera la vaca o, sencillamente, la explotación ganadera de Pinto se enclavaba en tierras portuguesas.

“¿En qué calleja? La Moraleja”: Resuelto por fin el enigma: El lusitano es Pinto. Las vacas no suelen deambular por callejas, exceptuando las oriundas de India, algo que de facto debemos descartar al ser ya conocedores de que las vacas de Pinto moraban en la dehesa portuguesa, ¿o no?

 “Esconde la mano que viene la vieja: ¿Porqué se nos impera a esconder la mano antes de que la vieja aparezca?, ¿Quién es la vieja?, ¿Sería la madre porteña de Pinto?, ¿Acaso la vieja era quiromante, y por ello ser capaz de echarnos una maldición de por vida?, ¿La vieja sería la vaca hierro veinticinco enferma ella de carbunco del que podríamos contagiarnos al acariciarla?

¡Desisto! Mejor será que no le siga buscando los tres pies a la vaca ni a Pinto y opte por equiparar la importancia del  significado de esta o de cualquier otra pizpirigaña a la misma que puedan tener “el “Aserejé” o el “Yo me remendaba, yo me remendé, yo me surremiendo, yo me lo quité”…

Me quedo con que Pizpirigaña es una de las palabras más bonitas y biensonantes que haya oído jamás, poco me importa lo que signifiquen las palabras o frases que contenga. Su belleza reside en su sinsentido. Al  igual que las acuarelas de Klee, la pizpirigaña produce un efecto evocador que prevalece sobre lo que la propia obra significa.

 

(*Paul Klee, pintor de la escuela  Bauhaus, pintó La máquina gorjeante en 1922. En este dibujo el pintor crea una máquina fantástica supuestamente para la reproducción del gorjeo de los pájaros.Su fuente primordial de inspiración es el mundo de los autómatas músicos, bailarines y cantantes de los cuentos de Hoffman. El gusto del artista por lo fantástico y lo fabuloso brota de estas obras como si fuesen sueños, ofreciendo libremente soluciones inéditas fuera de la realidad, con plena participación del plano acústico y visual, natural y mecánico, humano y fantástico al mismo tiempo.)  /www.historiadelarte.us/

Publicado por

buyolblog

Escribo, luego existo.

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